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27 dic. 2012

mientras mis amigos duermen


Amanece y una luna naranja que antes fue plateada, se está poniendo en el mar, es tan intensa la luminosidad naranja sobre el cielo que va pasando del gris al azul, que es como si gritara aquí aquí, como si lo dijera con alegría, porque la alegría es naranja y como si lo hiciera además, con la imposición de lo inevitable. Aquí la luna a punto de ser tragada por el horizonte. Las cosas que se pierde uno mientras duerme.
Estoy acabando dos libros que firmarán otros, no tengo tiempo para el blog, pero tengo las lunas.

13 dic. 2012

12/12/12


Me desperté sabiendo que era una bruja, no era que la transformación fuera notable, lo sentía. La intuición, el sexto sentido, habían dejado de ser vagas percepciones, para pasar a la consumación. Los ojos me dolían como cada mañana, pero al abrirlos mi mirada captó lo que captarían diez pares de ojos con una visión normal, veía en todas direcciones, hasta podía ver lo que había detrás de mí.  Sentía sobre  el lado izquierdo del torso un leve escozor que me decía que algo o alguien, había estado hurgando en mi interior. 
Al asomarme a la terraza y mirar hacia el mar, a los veleros que volvían hacia el puerto, podía ver con detalle  a los ocupantes de los barcos que estaban a más de mil metros, podía escucharlos y oler lo que estaban desayunando. 

11 dic. 2012

migraña

Las ideas se fragmentan una y mil veces para acabar deteniéndose en tu imagen.
Tu imagen única y luminosa bloqueando la entrada y la salida
de ese turbio laberinto que es mi mente.

4 dic. 2012

mi amigo el soco


Hace tres meses que no pego un polvo, y todas estas chuchis paseando medio desnudas, las que se acercan son demasiado estúpidas, tanto que aunque se mueran por meterme mano no son capaces de concretar una cita fuera de mi horario y si hay algo que no puedo hacer es enrollarme mientras miro el agua. Y a las buenas siempre pasa el pibe a recogerlas cuando estoy yo por arrear la bandera. Ahí viene María con la fiambrera, menos mal que está en su mundo, no se da cuenta de la rigidez entre los miembros inferiores, aunque a esta todo le da igual, claro que a veces se da cuenta de porqué cruzo las piernas, otras le toco el culo al pasar, ese culo desanimado y le guiño el ojo, ella me sonríe, disponible siempre, y dice pásate luego por casa y vemos una peli, lo dice a ver si cuela, luego de contar las monedas y  asegurarse de que están los ocho euros del menú que me trae cada mediodía, yo sonrío presumiendo de espléndido, dando a entender que como me sobran las pibas no tengo tiempo para las vetes pero agradecido, ya habrá oportunidad seguramente algún día de invierno despiadado, todo eso le dice mi sonrisa y ella se despide así, amigota. Si al final las maduras lo tienen claro macho, nada de jueguecitos,  directo al huerto, se regocijan mientras dura y luego cuando uno se cansa no te reclaman nada porque ya aprendieron el asunto ese de la dignidad, o por ahí lo que aprendieron es que si  una picha se afloja hay que ir a por otra, ya te digo.
Esto de llegar y que no haya nada en la nevera tío, hace días que ceno una lata de atún y cuatro galletas. Si me hubiera pasado por lo de María, estaría cenando como un rey algún plato natural y equilibrado y de postre una mamada. Pero así soy de gilipollas, que si luego pasa algún colega justo cuando estoy saliendo al curro por la mañana o a las tantas, si no incluye  invitación a dormir. Mejor me duermo pronto a ver si mañana toca algún rescate.
Me desperté inquieto a pesar del cansancio, creo que he soñado con el culo de María, aunque por momentos María era mi madre. Joder, me olvidé de sacar la ropa de la lavadora, ahora todos los bañadores oliendo a perro.  Un poco de té amargo, dos galletas y otro día de curro, atento a la marea. Y lo de siempre, espaldas que se aplastan en la arena, desfile de tatuajes pies que se mueven como peces en tierra y pies que se mueven con la naturalidad de peces en el agua, ojos que miran el agua, ojos que dibujan una y mil veces las siluetas bronceadas. Y el agua que llega invade piernas, brazos esterillas gafas, niños que gritan y madres histéricas gritando que no se internen y mirándome como si yo tuviera la culpa de que sus hijos se bañen, de que exista el verano y la playa, de que ellas se hubieran casado con el primer gilipollas a tiro y hubieran tenido hijos que no saben controlar.  
O sea, me voy a tirar a María.