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29 ene. 2013

viajes


A veces uno viaja para ver el mundo, para conocer lugares y gente, para rendir homenaje a este planeta que no deja de sorprendernos a medida que lo andamos. Otras veces uno lo hace para escapar, de alguien, de algo, de  una situación, una guerra, una crisis o para alejarnos de nosotros y ver si nos reencontramos en otra geografía y nos gustamos más que antes de haber hecho la maleta.  O simplemente porque le hemos encontrado el gustito al jet lag, al cambio, porque los ojos se nos aburren estando mucho tiempo en el mismo sitio. O lo hacemos para acabar encontrando aquello que dábamos por perdido.

24 ene. 2013

otra historia


Me llamo Aurora, soy la señorita Aurora Malins, dijo dándonos la espalda y apuntando en la pizarra su nombre con letras grandes y redondeadas. Al principio todas la tomamos a risa por su extravagancia, la sombra de ojos escarlata o morada, los colores de su pelo, el rojo estridente de los labios. Ni siquiera las empollonas atendían en su clase, justamente estas con sus ideas estructuradas menos que nadie, pero a medida que iba hablando el aula se transformaba en escenario y podíamos ver desfilar guerreros, reyes y princesas, olíamos la sangre en los campos de batalla, percibíamos el ácido aroma de la traición, la fragancia de azahares y gardenias en los jardines palaciegos.

Cuando alguna  que no había estudiado intentaba distraerla hablándole de un tema de actualidad para lograr que se olvide de las lecciones pendientes, ella le seguía la corriente pero sea cual fuera el tema, volvía a enlazarlo con la historia, porque esa era su pasión, la historia de las vidas humanas. Nadie como ella describía el fuego de Juana por Felipe, ni de Napoleón por Josefina. Impregnaba las clases de magia y erotismo, cosa nada habitual en la plantilla de profesores de los años setenta, que no destacaban por su desenfado, hasta la alumna más negada caía seducida por sus artes de narradora. Con mis trece años podía adivinar en ella una mujer feliz, mi estima iba creciendo a medida que la conocía, auténtica y satisfecha consigo misma, siempre rozagante y coqueta dentro de sus estrafalarios maquillajes y atuendos. Tenía una forma de pararse, caminar y hablarnos que nos incitaba a desafiar al mundo y eso molaba. Y sobre todo, estaba orgullosa de ser soltera.
A medida que avanzaba el tiempo, las clases  aumentaban las dosis de pasiones desenfrenadas y amoríos fogosos ya que la historia estaba plagada de ellos. A la señorita Malins la disfrutamos en la asignatura durante todo el ciclo del instituto.

Habíamos pasado ya cuatro años al abrigo de sus clases, cuando una tarde sucedió algo que me dejó perpleja. Mi madre me había enviado a acompañar a la prima Titi que venía desde el campo a  conocer la ciudad y entre muchas otras horteradas, le apetecía ir a tomar el té a la confitería Richmond. Después de andar horas parándonos ante los escaparates más espantosos del centro sin comprar nada, llegamos a la casa de té, famélicas.  Vi a la señorita Malins nomás sentarnos, sonreía  frente a un señor muy guapo que parecía bastante más joven que ella, que estaba radiante y lo miraba con sensualidad, se habían sentado en una mesita para dos contra una columna. Yo había tenido suficiente prima por ese día, la dejé extasiada ante la carta de infusiones y me concentré en la profesora,  intentado adivinar de qué hablaba, el acompañante la escuchaba con una sonrisa de melancolía. Cuando ella acabó, él le cogió las manos y comenzó a hablar también, la falta de expresión del hombre contrastaba con la grandilocuencia de ella, a medida que lo escuchaba, la sonrisa se iba borrando de su cara y solo quedó una expresión de vacío. Los dos siguieron callados, de los ojos inmensos de Aurora incrustados en la boca del hombre, comenzaron a aflorar las lágrimas, silenciosas. No había ruidos, ni discusiones en voz alta, sin embargo el histrionismo de la situación absorbió la atención de todos los que disfrutaban de una tarde a la inglesa. Tenía el rostro descompuesto por el dolor, las lágrimas fluían sin pausa, al principio intentó enjugar alguna, luego su inercia dejaba que cayeran dentro de la taza, sobre el platillo, coloreando el mantel y las masas con tonos morados y verdes, la gente se giraba a mirarlos algunos con descaro, otros con disimulo y en muchos de ellos noté auténtica angustia, la misma que yo sentía al verla, tan vulnerable y menguante, el desengaño flotaba en la confitería y hasta los camareros parecían llorosos. En medio de la conmoción, el amante mirándola con tristeza, se levantó como para marcharse, ella se arrojó a sus pies y en una especie de dolorosa pirueta que duró unas milésimas de segundo, se abrazó a sus rodillas para impedir que se marchara. Yo no pude más y salí a la calle, corrí, di cientos de vueltas a diferentes manzanas, preguntándome aturdida cómo esa mujer estoica a quien tanto admiraba, había perdido su dignidad de esa manera ¿porqué no le había arrojado el té a la cara dejándolo húmedo y calentito?  Y a la vez la comprendía, había visto el amor reflejado en su cuerpo y pude sentir su desgarro, además, conociendo a la señorita Malins, ella sólo podía amar así como se maquillaba, locamente. Seguí trotando hasta llegar a casa donde tuve que aguantar los gritos de mi madre por haber abandonado a Titi, que desesperada llamó desde una cabina para que alguien fuera a recogerla porque no sabía cómo regresar.
Ya sé que al volver al cole, sabiendo lo que sabía, estaba yo dispuesta a buscar donde no hubiera, pero desde aquel domingo oscuro, su boca adquirió un rictus de locura, sus labios ya no tenían carmín y en su mirada había  un brillo de patetismo. La historia a partir de entonces, se tiñó de tragedia y amargura.


                          

20 ene. 2013

noches negras



Temiendo a los infiernos, así andamos
que además de los otros, los infiernos
también somos nosotros
nuestros miedos nos vuelven más temibles
más sádicos y abyectos
más débiles nos vuelven, nuestros miedos
de volvernos invisibles
Y van decrepitando con nosotros
empiezan a tornarse pestilentes
reptan y se desprenden
se escurren hacia afuera
vagan entre la noche algunas horas
devorando oscuridades
pero vuelven a entrar antes del alba
y nos empujan al sótano
sabiendo que sabemos
que el infierno está bajo la tierra
nos hacen escuchar los chillidos de las ratas
entre los huesos crujientes
putos miedos infernales.

19 ene. 2013

no me lo invento


Esto de vivir entre iluminados tiene sus cositas. Ayer una de esas chicas que ve  (que en esta isla abundan) me ha dicho, sin venir a cuento y sin que yo le hubiera mostrado el menor interés por sus visiones, que veía un espíritu enganchado a mi espalda. Pues hice como que me sacudía la escápula para alejar al espíritu pelusa y seguí mi camino después de haberle dejado claro que pasaba de su videncia de bolsillo.
Por la tarde tenía trabajo en la clínica, pero no con los pacientes, esta vez era el dueño que estaba contracturado. Es un señor muy alópata, muy pragmático  y que se tensiona con frecuencia. Mientras mis 50 kilos hacían acrobacias sobre sus 120 para dejarlo en condiciones, me dijo que veía muertos entre la gente, esto empezó a ocurrirle desde que tuvo el infarto, pero no eran blancos y transparentes, no, parecían gente viva normal, que andaba por la calle caminando entre otra gente, sólo que tenían la mandíbula caída y la lengua violeta. No es agradable, me dijo. Pues imagino que no.
Hoy me he despertado con cierta molestia en la espalda, la verdad.

11 ene. 2013

encierro


Entiendo, entiendo
dicen aquellos que no entienden nada
y uno sigue aguardando
descuidado y con la esperanza débil
te escucho
sale a  veces de la boca
de ese que se alimenta de sus propias palabras
la esperanza agoniza
nuestras razones se pierden en el éter
las palabras se amontonan en algún rincón inútil
y así anda uno
hasta que un día de sol
acaba eligiendo la ceguera.

5 ene. 2013

mis gorditos


El tiempo es increíble para esta época del año y la isla está más hermosa que nunca. Como la luna llena se hizo con buen tiempo, tal como dicen en mi pueblo, seguramente el buen tiempo seguirá hasta el próximo plenilunio.
A esa pareja la vengo mirando hace ya más de un año, pero son más notables fuera de la temporada estival, sus figuras destacan en la estrecha calle que baja a la playa y en medio del paseo costero. Buscan siempre el mismo sitio entre las rocas y pasan horas allí, cada sábado y domingo de las cuatro estaciones. Al principio creí que eran turistas, hasta llegué a pensar que podían estar de luna de miel, todo el tiempo van de la mano, rondarán los cuarenta y ocho o cincuenta años. Él lleva siempre la misma camiseta azul chillón y un bañador naranja, ella un vestido con flores multicolores, pero al llegar a la piedra se lo quitan todo y quedan semi desnudos. Son gordos, muy gordos y parecen ajenos a la crisis, a las tendencias, a las dietas de moda. Están inmersos uno en el otro, se concentran en el agua que les salpica los pies, se roban todo el sol del invierno, exprimiendo hasta el último rayo. Y se aman con todas sus redondeces.

1 ene. 2013

el año del fin del mundo


Se ha ido y los pobres mayas una vez más han sido malinterpretados.
Muchos tendrán  aún, la resaca del miedo en el cuerpo. Otros, esos que compran y se emborrachan cuando lo indican las convenciones, tendrán la resaca del consumo y el alcohol. O del consumo de alcohol.
Para mi querido amigo Jerry y para el primo Guille sí que ha sido el fin del mundo. El mismo fantasma se los ha llevado a algún otro planeta.
Como soy la más alegre de la fiesta, me he tomado un rooibos a la  salud de todo el mundo y de todos los mundos, aún aquellos que ya no existen y siguen brillando, he hecho un par de piruetas festejando mi suerte y antes de ir a dormir he encendido una velita, por si fuera cierto eso de que este año habrá más iluminados.

Feliz 2013