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24 abr. 2014

jet lag

He puesto mi corazón en un mortero y fui agregando cosas, un puñado de nueces, galletas de miel, unas hojas de gingko, mucha canela y después de machacarlo con ganas, lo dejé macerar en té verde. Entre bastidores, cuatro manos jugaban con el aire y dos pares de ojos adormilados trataban de iluminarse en la oscuridad.
He vuelto, después de andar arrastrando los bolsillos por las calles de arena. Han podado los árboles de mi acera y de muy vegetal pasó a estar tan despojada que no sé cómo  proteger esta papilla que traigo dentro de la taza.

Tampoco sé en qué anda metido tu corazón. Nunca lo pregunté, carezco de ciertas curiosidades.

23 abr. 2014

juego

Ella lo buscaba en el campo, él la buscaba en la playa, ella iba a dar vueltas por los alrededores de donde él vivía, él bajaba a las playas cercanas a la casa de ella, pero sin acercarse mucho, como no queriendo cometer brusquedades, ella quería que él la buscara pero suponía que no se le ocurriría salir de su entorno campestre. A veces, por la noche hablaban por teléfono y él le decía que había ido a tumbarse sobre una roca de su vecindario, ella no siempre le decía por donde había deambulado, pero en esas charlas salía a la luz que los dos se andaban buscando, aún así el abismo seguía en medio. Y no es que tuvieran demasiadas ansiedades, más bien la parsimonia resignada de los que saben que las decisiones nunca están en sus manos.