Detrás de él venían los
versos
tratando de abrirse paso sin
ser vistos
y de tanto esconderse les
crecían las raíces
se deslizaban dentro de él,
desplazándose
como ese animal que es mejor
no nombrar.
Habernos cruzado en el barrio después de dos décadas fue magia pura. Y la cena improvisada, donde descubrimos que seguimos siendo nosotros y...