Sólo somos dueños de
trocitos de nada, retales de momentos esfumados, algunas construcciones de
cartón y poco más. Del material del que están hechas las ausencias inventadas,
que por imaginadas, parecen más ausentes. Y somos a la vez, propietarios de un
rotundo archivo de ausencias concretas.
Pero qué importa la
intangibilidad de nuestro patrimonio. Siempre nos queda la incertidumbre.