Enjaulados en un presente eterno donde
transcurre la existencia. Nos han insertado el chip de esperar que suceda lo mejor, en un
futuro que no llegará nunca, nos dieron, además, la precaria herramienta de la búsqueda
de. De la grandeza, de la certeza de algo, del placer infinito, de lo
sagrado. Buscamos sin parar una extensa lista de palabras ruidosas. Desde la
narrativa político publicitaria, todo apunta a hacernos creer que la vida debe
ser un orgasmo constante, sólo que, en el camino hacia la vida orgásmica, la
gran mayoría no iremos más allá de la categoría de eyaculadores precoces.