Mendrugos de amor
deglutidos entre sorbos de lluvia helada
una porción de silencio aderezada
con la tempura crujiente de la avidez.
Mendrugos de amor
deglutidos entre sorbos de lluvia helada
una porción de silencio aderezada
con la tempura crujiente de la avidez.
El equilibrio entre
el sexo y la poesía
la ternura y el sarcasmo
la caricia y el alimento
la necesidad y el anhelo
la frescura y el viento
la sabiduría y el deseo
la creatividad y la magia
la imagen y la presencia.
Tengo cierto talento para entablar relaciones importantes en los aviones, teleféricos y todo lo que implique altura. Los aeropuertos son el portal hacia lo desconocido y mágico, hacia lo inesperado, todo aquello que promete ser maravilloso. Alguna vez también me ha pasado en un ascensor. En el aire, me he encontrado contando la historia de mi vida con una naturalidad y soltura que nunca he manifestado en tierra firme, es probable que esto le ocurra a la gente cuando toma distancia de su mundo cotidiano. Tal vez eso incita a dejar el personaje oficial y adoptar otro. Otro, que algunas veces se parece más nuestra esencia y otras se aleja tanto de ella, que una se escucha sin atreverse a interrumpir, aunque no reconozca la propia voz.
Siempre hay vasos
en los que uno
se ahoga
el profundo de
la nostalgia
el tempestuoso
de la impotencia
y el vaso vacío
de lo que pudo
haber sido
pero no pudo
ser
porque no fue.
El caos responde
a un orden
que no llegamos
a entender.
No existe un plan de vuelo
la gente sólo ve
lo que asoma de nosotros por los huecos
las pasiones han mutado
en rutinas tediosas
sin embargo, la luna manda
y Algol parpadea como lo que es
una estrella endemoniada.
Los simios nunca serán felices y aunque nos pese, seguimos siendo simios, aunque nuestro cerebro sea mayor, la especie animal con que más afinidad tenemos es la del chimpancé. Y en esa especie ni siquiera el macho alfa es feliz. Aún basamos nuestra existencia en el instinto de recolectar comida.
Vivimos en un mundo poblado por adictos a las penurias, que sólo evolucionan frente al abismo.
Nunca
pierdo la oportunidad de perderme algo. Ni de abrumarme, lo mío es la
bruma. No recuerdo cuando perdí mi corazón de niña. Tampoco
he buscado a un dios. Para encontrar amenazas, me basta con la vida.
Los días se acortan, la luna sobre el pueblo es soñada El espíritu de la tribu, algo que nunca he aprendido. Ayer se me ha caído un cuch...