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29 feb. 2012

desierto

Suena a muy lejos
a tormentas de arena
a murmullos saharianos
a alguna rosa exótica
a mistral y a siroco
al frío de Siberia
a Atacama que embiste
a animales sedientos
a arenas germinales
a espejismos de vida
y a Sonora
que en el sonar redunda
y suena a todos los silencios.

26 feb. 2012

inspiración

Todas las visitaciones que tuve en la vida, llegaron, se sentaron y no dijeron nada.

(Clarice Lispector)

20 feb. 2012

sorpresa

Te buscan, te descubren
te exploran y van lejos
atraviesan tu piel
indagan debajo de los párpados
dentro de tus labios
se adueñan del ritmo de tu lengua
flotan en tu universo húmedo
juegan en tus rojas cavidades
captan el conjunto de la boca y la mirada
absorben tus gestos, adivinan las palabras
que fluyen de ti en colores
siguen, siguen mis ojos
llegan hasta tu mente
y está hueca.

18 feb. 2012

neruda

...Me dicen perteneces a la sombra
tal vez, tal vez, pero a la luz camino
soy el hombre del pan y del pescado
y no me encontrarán entre los libros
sino con las mujeres y los hombres
ellos me han enseñado el infinito.

(Así es mi vida, Pablo Neruda)

17 feb. 2012

gourmet

Hay algo en la consistencia caldosa que no acaba de gustarle, sin embargo el sabor está bien. La deja en reposo y se acerca a la ventana, la huerta brilla bajo la lluvia. Sale a cortar unas hojas de albahaca para la ensalada arrastrando consigo el calor fragante de la salsa.


Mientras lava las hojas se acuerda de Laura, de su pasión por las hierbas aromáticas. En sus días claros podía pasar tardes enteras con las manos embarradas, rodeada de plantines, oliendo a romero y salvia, quitando y poniendo de la jardinera a la tierra. Él entonces la miraba, desde esta misma cocina donde preparaba sus platos favoritos y buscaba mil formas de complacerla a través de la comida. Ella sonreía y se iba animando mientras ponía la mesa, cerraba los ojos y no los abría hasta que él hubiera dejado el plato listo frente a ella. De algún modo se amaron en el confuso tiempo compartido.


Él se fue dejando llevar, como aquella primera vez en la despensa cuando en los fogones se cocían las frutas con el azúcar y la piel caliente de aquella pastelera lo atrapó contagiándole su urgencia. Laura apareció de la nada una noche en que él preparaba empanadillas y se fue quedando. La primera vez había comido demasiado y arreciaba la tormenta, las noches siguientes fueron apareciendo otras historias que, al mejor estilo Sheherezade no permitían que él la quitara de su vida.


Cesare había nacido en Roma de forma circunstancial, su padre, un jerarca del gobierno militar, había sido enviado desde tierra sudamericana en misión especial por un año. Creció en una familia de la alta burguesía en un período en que el país despertaba con inquietud furiosa a las diferencias sociales. Era muy pequeño cuando decidió que el mundo no era un lugar soportable, comenzó a hamacarse durante horas, se encerró con su abuela y Alfonsa, la cocinera, en los braseros de la mansión familiar y aprendió la alquimia de los alimentos. Ese niño autista se convirtió con los años en chef y anfitrión de lujo, entregó su vida al arte culinario y a los amigos.


Los meses con Laura tuvieron un ritmo sincopado hasta que el silencio de ella se impuso como un alarido. Su casa fue tomada por Laura y su mutismo. Laura y la oscuridad. Un día no recogió los platos después de la cena, al siguiente no salió de casa, al tercero dejó de comer. Él conocía las voces del silencio, las recibió con indiferencia, continuó con la rutina de menús sabrosos, amigos a cenar, charlas frívolas. Ella se instaló en la sombra y él intentó atar cabos en la gruesa neblina que era el pasado de Laura, especuló con una infancia miserable, una enfermedad congénita; cargó con su locura hasta que no pudo seguir haciéndolo. Buscó entre los pocos conocidos comunes a alguien que pudiera darle datos, hasta conseguir el número telefónico de los padres allá en la otra orilla; no les dio opciones, les dijo lo que había, fue a la bohardilla donde ella había vivido antes de conocerle, amontonó lo que encontró en una maleta y la embarcó después de un cuerpo a cuerpo salvaje en el cual ella se cogía de los marcos de las puertas que iban atravesando, negándose a partir. Respiró aliviado al salir del aeropuerto, abandonaba un laberinto en el que se había perdido sin haber tenido nunca la intención de explorar. Fue algo difícil y continuó siéndolo con la noticia del suicidio de Laura. No llegó a sentirse mezquino, comenzó a cargar con su ausencia. El sitio vacío en el rincón de la sala estaba ahora más lleno que entonces, Laura pintando con huevo las empanadillas, rallando queso para la pasta, haciendo ramilletes con las flores robadas en los jardines vecinos.


Ha parado de llover. Definitivamente algo le falta a la salsa. Arroja a la basura el contenido de la olla y comienza a picar cebollas.









16 feb. 2012

el abrazo

Por si no me recuerdas, te diré un lugar y una fecha: Lugo, finales de 2002.

Una casa de citas con agradables vistas a orillas del río.

Yo había aterrizado allí hacía unos días, cómo y porque, aún me lo pregunto.

Me avisaron que un cliente esperaba en la sala. Cuando entré a

presentarme, encontré a un hombre hermoso, con los ojos empañados de

bruma, viendo caer la nieve desde la ventana.

Contrataste una hora y media de mi tiempo, fue un rato de sexo, vivido con

la pasión de los que ya se han jugado casi todo. Hubo armonía, y quizás más

entrega que en muchos romances de nuestro prolífico pasado amatorio.

También hablamos bastante. Del Prestige, que había infectado tu tierra, de

los emigrantes retornados, de Galicia maltratada. La literatura no pudo faltar,

aparecieron Conrad, Cèline, Salinger. Éramos muchos en esa cama.

Cuando quise saber qué escribías, sonreíste negándote a responder.

No registré en ese momento la dimensión de nuestro encuentro. Ni la

intensidad de un abrazo, del que aún no me he soltado.

Me quedé en la ciudad un par de días más desde esa tarde. Estuviste

presente cuando paseaba a la vera del Miño y mientras deambulaba

alrededor de la muralla.

Luego volví a mi isla apacible. Sigo dictando clases en el instituto y corriendo por

la bahía cada tarde, mientras esquivo las oleadas de alemanes con sus perros.

Ya ves que no todo era inventado.

No te busqué, pero estuve atenta. Me regocijó encontrarme, en la solapa de un

libro, con tus ojos de bruma.

La vida nos ha seguido pasando. Tal vez ambos hemos viajado

de a ratos con la sensación de vivir en un mundo que apesta, y por

momentos no hemos tenido más remedio que ser felices.

Como todo lo entrañable que perdemos y no nos resignamos a dejar de

buscar (la foto de un hijo, el juguete favorito de la infancia), he pasado gran parte

de este tiempo, tratando de recuperar aquél abrazo. Ese momento dorado, en que

nos desintegramos para incorporarnos al caos y al orden, al dolor y a la

alegría, a la desolación y al abrigo, a la muerte y al renacimiento. El

instante en que esos personajes que nos habíamos inventado,

se diluyeron y nos desarmaron.

Estoy segura de que lo recordarás, los narradores atesoran las emociones.

Después de diez años, he descubierto tu obra y la he devorado, me gusta.

Y a la vez descubrí que he vivido contigo la jornada de amor más breve y

luminosa de mi vida adulta.

Esta tarde de diciembre en que inusualmente cae nieve en la isla, mientras

miraba los copos deslizarse al otro lado del cristal, me asaltó la urgencia

de escribirte, y compartir contigo un homenaje al abrazo perdido. Confesarte

esto que llevo guardado, y proponerte un brindis a la distancia, a través de

una carta tardía.

9 feb. 2012

el joven Spinetta (retales)

El flaco jugando con sus rizos sentado en una mesa del bar La ópera y nosotras a la salida del cole presumiendo de ojos de papel y Anas insomnes de primero del bachillerato, acercándonos a darle el coñazo con cualquier excusa. El flaco junto a David Lebón en los pequeños teatros. Luego en el Luna, luego en Obras. Más tarde en Gesell grabando una peli en invierno y luchando con la sudestada. Luis Alberto y sus tics de adolescente eterno. Hasta otra, capitán Beto.

8 feb. 2012

gaia

He salido a trotar
por mi planeta húmedo
con la mochila cargada de ausencias
bajo mis pies el suelo se lamenta
aúllan las raíces
y me llaman las voces de todos los senderos
Telaraña de mundos
turbia madeja de prósperos vicios
la brisa pide agónica
algún ángel prestado.

7 feb. 2012

pija en bancarrota

Me chifla, tiene mil caras, siempre diferente dependiendo de donde lo mires, le he escrito un poema dijo, parándose y obligándome a hacer lo mismo: "hombre poliédrico de ásperas aristas, déjame perderme en el laberinto de tu sombras" el señor en cuestión es un anciano horrible, con muchísimo dinero, eso sí, y ella debe buscarle una veta lírica al intercambio.

6 feb. 2012

llena

Te espero allá
donde la luna transforma los escombros en gemas
para jugar tras la muralla
a todo lo posible
quiero tu olor impreso en mis declives.

5 feb. 2012

de memoria

Las cosas se imprimen por capricho en el recuerdo, sin que les demos permiso.

"El pasado nunca se repite, pero no hay duda de que rima con el presente." (Mark Twain)