manos

Deben ser pretextos, pero ponerme a escribir en verano, más allá de lo estrictamente laboral se me complica.
Así, mientras miraba ir y venir las manos de aquellos que recogen de la playa todo eso que nadie debería olvidarse de arrojar a las papeleras, he decidido poner yo también manos a la obra y acceder a este blog. 
Esta tarde ha venido a verme Bruno, necesitaba un masaje y calor local, estaba más contracturado y guapo que nunca. Me olvido del mundo cuando él se tumba en la camilla, para adueñarme de su espalda y disfrutar, él también parece que disfruta aunque por momentos la cara se le contraiga por el dolor, mis manos viajan desde la cintura hasta los hombros, desde los hombros hasta los brazos, desde los brazos hasta los dedos, aprietan sus músculos mientras le dicen que me encanta, rozan una y otra vez la pequeña cicatriz que tiene en mitad de la escápula, me inclino sobre su cabeza para estirar la nuca y al masajear el cráneo me inunda la fragancia de su pelo, es un olor familiar, íntimo, mis células reaccionan a sus feromonas y dejo que los dedos se pierdan entre la mata. Al darle la vuelta recorro con gusto toda su cara, la frente, las orejas, la mandíbula. Antes de despedirnos miramos un rato el mar, no hablamos, total para él soy sólo un par de extremidades superiores, tal vez no esté enterado de que tengo orejas. Se marcha radiante, me quedo con las manos tensas, pensando en el abrazo que jamás nos daremos y colmada.
Cualquier excusa es buena para ser feliz.


Comentarios

  1. Sólo podría contar la otra versión desde la horizontalidad de la camilla, ese mundo plano y feliz que te eleva al éxtasis desde las pulsiones manuales de esa otra persona que hace por colocar cada cosa en su lugar. ¡Muy buena prosa!

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  2. Monica, "cualquier excusa es buena para ser feliz" hace tiempo que vengo diciendo me eso. Sobre todo esa forma tuya de acercarte; con tacto.

    Gracias por tu huella.

    Saludos y un placer.

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  3. El guardián de Balvanera30 de agosto de 2013, 12:18

    "el roce hace al cariño..." dicen

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  4. ¿Y cómo marcarle un tiempo a esas manos, que perderían el del mundo entero por no dejar de masajear la piel de sus sueños?

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