Los planetas desconocidos, la gente rara que somos. La
magia de lo que está siempre al otro lado, de la ventana, de los sueños, de ahora. El sufrimiento nómade y gregario. La espera infinita. La mañana.
Las noches que uno prolonga sin saber para qué. Los días luminosos e intensos,
los días grises y maravillosos. Las neuronas que se estiran, el vivir sin saber jamás dónde estamos. El habitar el misterio hasta que el misterio se vuelva
tedioso. Todo lo ilusorio, que, de tan ilusorio, aburre. La vida. Nunca tenemos el control de nada. Siempre hay una tarea que cumplir, dicen. La palabra cumplir es un agobio.
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