claustrofobia

La mía viene del barranco, un sitio que aparece en sueños una y otra vez, allí donde caímos rebalando mi primo Gustavo y yo cuando teníamos cinco años y desde donde pensamos que nunca saldríamos. Recuerdo la boca enorme de Gustavo abriéndose en un lloriqueo que me alteró tanto que, presa del pánico, le mordí la mano.

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