paseo por los infiernos


El west end de San Antonio en Ibiza a las tres de  la tarde un día de verano, mugre, borracheras, olor a orines etílicos, el barrio del  Rabal de Barcelona, los huecos apestosos bajo los puentes de las grandes autovías de Sao Paulo, inundados de yonkis, mendigos, desahuciados de todo tipo y color. Los suburbios del gran Buenos Aires, sus paradas de autobuses atestadas de gente sin esperanzas, la estación de Liniers con sus alrededores malolientes, la de Once. Suciedad, hedores, miseria.  Un ascensor atascado en un edificio vacío.
Un parque de cualquier ciudad latina un día domingo,  gente gritando, niños gritando a sus madres que le gritan, padres gritando, perros ladrando. Una pelota que va de un sitio a otro dándole a los ilusos que intentan leer tumbados en la hierba. Un suburbio de Kenia. Un hospital cualquiera. Una cárcel cualquiera.

Comentarios

  1. Pero el infierno no es un sitio sino un estado mental, una culpa que debemos expiar, una mentira que debemos desnudar. Tus personajes por el contrario me recuerdan más a Cristo en la Cruz, inocentes criaturas que sufren por los pecados de otros.
    Un abrazo

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  2. sí, el cielo resulta tan aburrido.
    saludos.

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