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Los del botellón están  por abandonar la tarima cuando suena tu despertador, te despiertas  recordando Soy leyenda, los gritos de los zombis que no dejan dormir, haces los ejercicios, meditas (eres la capitana de tu vida) y bajas a darte un baño, hace demasiado calor ya a las nueve y media. Dejas el pareo sobre la piedra y ves ahí, tirado entre la arena y los arbustos, un bolso de chica abierto, las cosas asomando, un teléfono de alta gama, un monedero con 80 euros, un tubo de vaselina y una bolsa con pastillas azules, lo dejas al lado de tu pareo, te pones las gafas y entras, no hay medusas, las gafas te aprietan la nariz mientras vuelves nadando mariposa. Sales del agua y haces la revisión, hay un paquete de Marlboro, un mechero, chicles, una tarjeta de crédito de Barclays a nombre de Helen Murray, otra bolsita con más pastillas azules (en total 40) y tres papeletas con cocaína. Antes de subir a casa tiras el bolso blanco del H&M, el tabaco y la tarjeta, los éxtasis y la coca es mejor tirarlos al wáter. Llamas el ascensor pero cuando llega y entras en él, te arrepientes, sales y subes por la escalera, a ver si se queda el ascensor en medio del trayecto y Nico, el vecino solidario, ya se ha ido a trabajar, no lo resistirías. Te duchas y sales a comprar: una crema para la cara, semillas de chía, bebida de arroz y un batido natural y energético, llevas a liberar el smart phone y compras un cargador. Esta noche los gritos agudos de Helen Murray no impregnarán el botellón.

Comentarios

  1. igual te la encuentras en el fondo del mar

    bob sponja

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  2. Bonita historia, me gustó. A mí me da pavor encontrar drogas, pero igual las tiraría por el inodoro.
    Saludos.

    http://atrapadaenmisletras.blogspot.com
    http://lulurulitos.blogspot.com

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  3. Le puede suceder a cualquiera, si señora.

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  4. Imagino lo que le ha pasado.
    Te sigo, BEE.

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