noctámbula

Pero aquello no volvió a presentarse. Entonces supo que los fantasmas no entienden de bromas y que los trucos para desconcertarlo sólo le habían ahuyentado. Vivió esa noche a oscuras, sin figuras, recuerdos ni magia, aguijoneada por la soledad. Pendiente de la puerta y la respiración de las paredes. Casi inmóvil, por temor a hacer algo que prolongara más su ausencia, se quedó dormida.

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