jet lag

He puesto mi corazón en un mortero y fui agregando cosas, un puñado de nueces, galletas de miel, unas hojas de gingko, mucha canela y después de machacarlo con ganas, lo dejé macerar en té verde. Entre bastidores, cuatro manos jugaban con el aire y dos pares de ojos adormilados trataban de iluminarse en la oscuridad.
He vuelto, después de andar arrastrando los bolsillos por las calles de arena. Han podado los árboles de mi acera y de muy vegetal pasó a estar tan despojada que no sé cómo  proteger esta papilla que traigo dentro de la taza.

Tampoco sé en qué anda metido tu corazón. Nunca lo pregunté, carezco de ciertas curiosidades.

Comentarios

  1. Me gusta la imagen (muy poética) de meter el corazón en el mortero... Lo que no sé es qué tal se sentirá...
    Yo de las curiosidades que mencionás nunca carezco.
    Un beso

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  2. Creo que haces lo correcto: hay que dejar que el otro vaya y vuelva sin sentirse presionado, sino atraído.
    Un beso.

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  3. Te diré donde está el mío: perdido en un desierto, donde sopla y gime un viento negro, obsceno, brutal, que hace crujir las cuadernas del alma, mientras la cumbres de la locura se cubren de relámpagos oscuros.

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