me acuerdo

de Eduardo y sus tics de Tourette.
de Miami, la tormenta en la playa y el olor de las flores que trajo el viento.
de Ado pequeño, las papillas y su miedo a los pies.
de Pablo el lírico.
de la locura de mis hermanas
de las reuniones en la casa de Cynthia, en la calle Juncal.
de Mirta y las horas que tardaba en arreglarse para salir.
de la ciudad sitiada.
de la fiesta mágica, a comienzos de los 90, del Guasón, del cura y Caperucita y mi preocupación por ser un hada sin varita mágica.
de la tropilla de caballos que interrumpió el paseo en bici. El invierno instalado en el campo.
del concierto de Joao Gilberto en el Gran Rex en 1998.
de las calles de Chiang Mai.
de Lilian y su refugio del paseo 119. De la piruleta y el tutti cuanti.
de mi querido Fabio.
de la casita de Cala Salada, del Galería, de Punta Galera
y de aquellos veranos maravillosos.
de Imbassaí
de Esther Berman y su casa estridente.
del sueño que predijo el viaje a Atenas.

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